Cienfuegos: La ciudad de las cúpulas

Entre la variada gama de tendencias y estilos arquitectónicos presentes en nuestra ciudad, existe un amplio muestrario que la hace distintiva. Un elemento, que tal vez por su presencia cotidiana pasa muchas veces inadvertido a nuestros ojos, son las cúpulas. Es por ello que nuestra bella ciudad es llamada "La ciudad de las cúpulas".
Entre ellas tenemos las más antiguas: los tres torreones rematados con cúpulas de cantería de la Fortaleza "Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua" y las torres cupulares de la Iglesia Catedral.

Le siguen en importancia cronológica la monumental cúpula del Palacio de Gobierno, la cúpula semiesférica de la Glorieta y en el Palacio Ferrer, donde se alza en toda su esbeltez el mirador coronado por una estilizada cúpula.

 

En el antiguo almacén García de la Noceda, la escalera que accede a la azotea está techada por una singular cúpula de madera cubierta con láminas metálicas. 

Otras cúpulas culminan la cubierta de la antigua residencia de la Falla Gutiérrez, hoy Comité Municipal del PCC, y el mirador rematado con azulejos de otro palacete ubicado en Prado entre Santa Elena y Santa Cruz.

En la sede de la Dirección Provincial de la Empresa Azucarera podemos descubrir una cúpula que remata la escalera de acceso a la azotea; mientras que en el antiguo Sanatorio de la Colonia Española, actual PPU, la férrea escalera que conduce a la azotea está rematada cupularmente.

Ya en la zona de Punta Gorda, dos monumentales palacetes se levantan: el otrora Cienfuegos Yacht Club y la residencia de la familia Rodríguez Trinidad, hoy Palacio Azul. El primero con cúpula terminada con gres cerámico color naranja.

Antes que la última lengua de tierra se adentre en la bahía, aparece el Palacio de Valle y allí no podía faltar una cúpula, esta vez bizantina, techando unos de sus cuatros miradores, además de otra idéntica en la semirvina que se encuentra en el parqueo del Hotel Jagua.

Todas estas cúpulas avalan la historia, la obra y la vida de nuestra Perla del Sur a todo lo largo de sus épocas de esplendor, crisis, decadencias y esperanzas.

 

Por: Maikel Valladares Puerto

 

 

 

 

 

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